Convocatoria de sesiones > 12/05/2026En respuesta a la crisis medioambiental global y a las aporías del desarrollo sostenible, el concepto de transición se ha extendido como un paradigma central de las políticas públicas, a pesar de —o gracias a— su carácter difuso y su inestabilidad según el uso que le dan una gran diversidad de actores. Mientras que las transiciones suelen concebirse de forma sectorial y segmentada, el territorio ha podido aparecer como un marco integrador que promete sincronizar dinámicas sectoriales, juegos de actores y lógicas escalares muy diversas (Compagnonne et al., 2022), lo que permite dar cuerpo a LA transición a partir de múltiples transiciones (Renouard et al., 2020). Sin embargo, el fin de la era de la globalización neoliberal, cuyos avances colectivos parecía simbolizar el Acuerdo de París, y el inicio de una nueva etapa marcada por una sucesión de crisis y una profunda polarización geopolítica, plantean interrogantes sobre el futuro de las transiciones, sobre la dinámica de las transiciones en los territorios y sobre la forma en que estas podrían constituir un catalizador de cambio multidimensional. Aunque no existe una teoría científica general de la transición (Tapia, 2001), este concepto se ha utilizado ampliamente (véase, por ejemplo, Canning et al., 2015; Rolland et al., 2017) para modelar a lo largo del tiempo las dinámicas sociales, técnicas o productivas que afectan a ámbitos tan diversos como la demografía, la energía, la alimentación, la movilidad, el poblamiento —la urbanización también se inscribe en este esquema de transición universal— o la economía (Lewis, 1954), la visión dominante del desarrollo heredada de Rostow (1960) siendo efectivamente una reflexión sobre la transición. Más recientemente, durante las décadas de 1990 y 2000, se ha utilizado el concepto de «transición hacia la economía de mercado» para reflexionar sobre el cambio de sistema económico en Europa Central y Oriental. Esta concepción teleológica del paso de un equilibrio a otro, de un estado inicial conocido a un estado final igualmente determinado, ha sido muy criticada (Chavance, 1990; Koleva y Magnin, 2017). Se ha destacado la escasa consideración de las implicaciones de las diferencias de nivel de desarrollo entre territorios (Magrin y Ninot, 2020). Sin embargo, pocas propuestas han teorizado sobre el concepto (Elzen et al., 2004). Las de Geels (2001) y Loorbach (2007), por ejemplo, invitan a comprender, a diferentes escalas o niveles territoriales, los procesos que desencadenan y orientan las transiciones... o al menos los cambios (véase Congreso SFSIC Rennes, 2025) . Mientras que el Antropoceno se asocia con la inestabilidad y la pérdida de equilibrio en las interacciones entre las sociedades y los entornos (Bonneuil y Fressoz, 2013; Groupe Cynorhodon, 2020), el concepto de transición (aplicado en particular a los retos energéticos y otros retos relacionados, como la alimentación, los residuos, la tecnología digital y la movilidad) ofrece vías tranquilizadoras que permiten restablecer equilibrios aparentemente más controlables (Padovani y Lysaniuk, 2019; Renouard et al., 2020). Sin embargo, este nuevo paradigma clave de la acción pública, que tiende a sustituir a un desarrollo sostenible desgastado por sus aporías (Rist, 2007; Chartier y Rodary, 2016), se caracteriza por un enfoque excesivamente sectorial y por las dificultades que encuentra para arraigarse en la sociedad y en el espacio, es decir, en los territorios. Los objetivos de reducción de CO2, definidos por sectores y a escala global o nacional, tienen dificultades para ser asumidos por los actores de los territorios, mientras que las herramientas clásicas de planificación se ven cuestionadas por la creciente complejidad de un mundo cada vez más incierto. Las normas subyacentes a los modelos de transición promovidos por los actores globales (instituciones internacionales, empresas mundiales) no están a salvo de las fracturas entre los países del Norte y del Sur global, y dentro de este último (Magrin y Ninot, 2020). Del mismo modo, a escala de la UE, el Pacto Verde Europeo o el Plan de Recuperación para Europa constituyen herramientas para la transición climática/energética o digital en los territorios que pueden ser cuestionadas tanto en sus objetivos como en las modalidades prácticas de su aplicación y sus consecuencias en los territorios. Así, ante los problemas observados y los retos identificados, pero también debido a la presión social y a las crecientes obligaciones reglamentarias y normativas, las colectividades territoriales se encuentran en primera línea para llevar a cabo LA transición. Sin embargo, a falta de un marco conceptual y operativo para concebir y dirigir dicha transición, en la mayoría de los casos no tienen más remedio que centrarse en transicionES (energética, digital, alimentaria, incluso democrática...) con un enfoque científico, profesional y políticamente sectorial y, lo que es más, debido a la ausencia de una estructuración científica común o compartida en el ámbito territorial, con un enfoque local (véase, por ejemplo, Cantillon, 2023). En este contexto, las ciencias denominadas «duras», al igual que las de la ingeniería, se movilizan cada vez más para proponer respuestas o abrir vías específicas para una temática y unos ámbitos de acción. Sin embargo, por esenciales que sean estos trabajos y sus aplicaciones prácticas, es razonable considerar que su yuxtaposición por sí sola no permitirá avanzar hacia LA transición. En efecto, el territorio como marco, objeto y sujeto integrador de problemáticas extremadamente diversas por su naturaleza, escala, temporalidad, profesiones y actores implicados, pero también los territorios, esta vez en el sentido de estructuras políticas y/u operativas, igualmente diversas, no están preparados para pensar y llevar a cabo LA transición integrando y articulando conocimientos científicos parciales, inconexos e incluso susceptibles de producir efectos contradictorios. Sin embargo, desde hace algunos años, fuertes vientos contrarios debilitan las agendas de transición. Desde mediados de la década de 2010, se desvanece el horizonte de una globalización neoliberal, cuyos avances en materia de regulaciones multilaterales (financieras, medioambientales, derechos humanos, democracia, digitales, etc.), a pesar de sus limitaciones, parecían dibujar un panorama favorable para las transiciones. Los efectos de las sucesivas crisis (crisis de la deuda, Covid-19, guerra en Ucrania, crisis democrática con el auge de la extrema derecha y el iliberalismo) se ven reforzados por la polarización del ámbito político. La incertidumbre ya no solo rodea el ritmo de las transiciones: estas se cuestionan en su propio fundamento. En el emblemático ámbito de la energía, la competencia por los recursos sustituye a las ambiciones de sobriedad y sustitución de las energías fósiles por energías renovables. En el mejor de los casos, florecen las soluciones tecnológicas, sin plantearse un replanteamiento profundo de los sistemas de producción. Las fuentes de energía se acumulan, sin transición (Fressoz, 2024); sus actores se enfrentan, los territorios sufren. En todas partes, un profundo movimiento de retroceso debilita los foros multilaterales y amenaza con vaciar de contenido las regulaciones que estos promovían. La transformación del escepticismo climático se manifiesta en los territorios, en forma de resistencia a los intentos de implementar la transición, o de un desvío del concepto que lo aleja de su significado original. El repliegue sobre sí mismas de las naciones y las identidades va acompañado de un tecnobrutalismo neoliberal, encarnado por la alianza entre D. Trump y la tecnología en Estados Unidos. Si bien este último se ha distanciado del neoliberalismo, su posicionamiento ideológico combina en un equilibrio inestable el populismo nacional (proteccionista) y el tecnolibertarismo de la tecnología. Una triple ambiciónEste coloquio del CIST tiene así una triple ambición al cruzar los retos de la transición, los territorios y las crisis globales contemporáneas. En primer lugar, se trata de contribuir a la reflexión sobre el concepto y los fenómenos de transición en sentido amplio, concebidos de manera no reduccionista y sistémica como una dinámica contradictoria de cambio atravesada por crisis, que conduce a una transformación progresiva y profunda del capitalismo, cuyo resultado sigue siendo indeterminado. Estas transformaciones se producen a diferentes niveles: local, regional, nacional e internacional. La articulación de las escalas y los niveles de análisis representa, por tanto, una segunda ambición, que supone una reflexión metodológica, teórica y empírica. ¿Cómo pensar el paso y las interacciones entre el nivel microsocial de los comportamientos de los actores individuales a nivel local y el nivel macrosocial de una sociedad nacional, o incluso el nivel supranacional en el caso de la Unión Europea u otras organizaciones internacionales integradas? El tercer punto está indisolublemente ligado a los otros dos, ya que involucra a actores de diferentes niveles. Los actores de la sociedad civil multiplican las iniciativas y las innovaciones en los territorios a nivel local. Se enfrentan al problema de la gobernanza de los bienes comunes, a la formación de conflictos y compromisos con las colectividades públicas y las organizaciones mercantiles, pero también con las instancias nacionales o europeas. Uno de los retos de estas alternativas reside precisamente en la posibilidad de difundirse y tener un efecto transformador a nivel macrosocial. Esta triple ambición permite esbozar algunos ejes que estructurarán los debates:
¿Cómo afectan las dinámicas políticas y jurídicas globales a las transiciones en los territorios? ¿Son susceptibles de influir a su vez en ellas? ¿En qué medida se tienen en cuenta las realidades territoriales en las dinámicas sectoriales emprendidas en nombre de las transiciones? ¿Cuáles son los obstáculos para la territorialización de las políticas de transición? ¿Qué resistencias suscitan los cambios realizados en nombre de la transición? ¿Dónde, en qué y para quién sigue siendo la transición un horizonte movilizador? ¿En qué medida algunos tipos de territorios logran imponerse como contrapesos, o incluso contrapoderes, frente a las lógicas de avance o retroceso? Este coloquio pretende ofrecer respuestas a este conjunto de preguntas, desde una perspectiva sistémica favorecida por el diálogo entre las ciencias sociales. Ejemplos de sesiones
ReferenciasBonneuil C., Fressoz J.-B., 2013, L’événement anthropocène. La terre, l’histoire et nous, Paris, Seuil, 304 p. Calendario provisional
Modalidades de propuesta de sesiónLos idiomas del coloquio son francés, inglés y español. Investigadores/as, docentes-investigadores/as y doctorandos/as, eventualmente en colaboración con los actores de los territorios, pueden proponer una sesión. Las propuestas tendrán que constar de:
Estos tres primeros puntos tendrán que redactarse en francés y en uno de los otros idiomas del coloquio (inglés o español). Servirán para redactar la convocatoria de comunicaciones para las sesiones seleccionadas. Los siguientes puntos podrán redactarse en uno de los tres idiomas:
Modalidades de evaluación de las propuestas de sesiónLas sesiones propuestas serán evaluadas por el comité científico del coloquio que incluye a los miembros del consejo científico del CIST junto con personalidades externas. Las propuestas de sesiones se evaluarán en función de los siguientes criterios:
Por otra parte, se valorarán:
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